sábado, noviembre 14, 2009

Bibiana Aído, Iglesia y aborto


Hubo una época en la que, desde mi más absoluta ingenuidad, pensé que el debate político sería un intercambio de argumentos tras el que la balanza se inclinaría hacía el lado más razonable. Pero es evidente que no es así. Los partidos políticos españoles marcan unos argumentos férreos sobre los que pivotan las declaraciones de líderes y sublíderes, lideresas y sublideresas, sean o no lógicos, sean o no verdaderos, sean o no justos. Y el que se mueve, como decía en su época Alfonso Guerra, no sale en la foto.

El esperpento protagonizado por alguna miembro del Gobierno de cuota en relación a la ley del aborto ha alcanzado un nivel realmente patético cuando la ministra Bibiana Aído, con todo su desparpajo, aseguraba que un feto es un ser vivo, pero no humano. Para la andaluza debe de pertenecer a la especie de las anémonas o de los cefalópodos. Debería aclarárnoslo.

La última de esta mujer, compartida por su compañera de partido y de Ejecutivo Trinidad Jiménez, es la de asegurar que en España se gobierna desde el Parlamento y no desde los púlpitos. Es una confusión, porque el Parlamento no gobierna, legisla. Quien gobierna, y valga la redundancia, es el Gobierno.

Pero es que a este Ejecutivo nacional de cuotas le escuece cada vez que los obispos abren la boca. Que más les da a ellos si no son creyentes, si van a aprobar leyes según sus criterios sin escuchar ni a la calle, si van a seguir en sus trece. ¿O es que acaso les remueve en algo la conciencia? Es dudoso, porque si así fuera deberían replantearse muchas de sus actitudes.

Lo he escrito muchas veces, pero lo repetiré porque es preciso decirlo. La Iglesia no sólo tiene el derecho a manifestar sus criterios en asuntos que afectan a la moralidad y la ética, sino que tiene la obligación de hacerlo. Y no se puede pretender que cuando se ataca una de sus posiciones fundamentales frente a la vida, los obispos callen. Es más, el resto de los católicos deberíamos ser profundamente batalladores en este sentido porque va contra nuestros principios.

Y no vale aquello de soy creyente no practicante y esta ley es necesaria para garantizar la seguridad jurídica de la mujer. Porque el creyente sabe que la vida, desde el momento de su inicio en el vientre materno, es un regalo que no nos pertenece, un regalo que debemos cuidar con total entrega como si en ello nos fuera la vida, un regalo que nos dará muchas alegrías y muchas preocupaciones, pero que nos hará crecer como personas. Y que busquen alternativas a la execrable práctica de la eliminación de vida prenatal, que las hay.

Mucho nos escuece cuando recordamos que en Esparta a los niños débiles, enfermos o con cualquier defecto los arrojaban por un precipicio. Pensamos que eran unos salvajes. Con el paso de las centurias, nuestros futuros descendientes es posible que consideren la práctica del aborto como un acto de barbaerie propio de pueblos primitivos. Si así sucede, queridas ministras. habremos avanzado mucho.

Antoni Martín

jueves, noviembre 12, 2009

Obispos y aborto



Resulta complejo, difícil, casi imposible hacer entender a aquellas personas que no profesan el catolicismo lo que significan en su justa medida las palabras del portavoz de la Conferencia Espiscopal Española, Juan Antonio Martínez Camino, en relación a los diputados y su voto favorable a la ley del aborto. Y es que la comunión, vista por los profanos y por una caterva enorme de resentidos como una simple ingesta, para los que seguimos inmersos en la Iglesia, es el acto más importante de nuestra liturgia, es la plena relación de uno mismo y la comunidad con Jesús. Y esto no puede hacerse si nos hemos alejado del camino, si nos hemos desviado, si hemos cometido falta grave. Y eso todos.



Dice monseñor Martínez Camino que los políticos católicos que voten a favor de esta execrable norma habrán cometido un pecado en público. Es una evidencia. Y, dada la gravedad de la falta, como cualquier otro católico hijo de vecino, no pueden comulgar hasta que no pasen por el sacramento de la Penitencia. La pena de excomunión, la más grave para cualquiera de nosotros, se contempla cuando los responsables políticos se empeñan en convertir en dogma y en hacer pasar por bueno que estar a favor del aborto no choca con la doctrina de la Iglesia.



En muchos foros he visto ataques furibundos a la historia de la Iglesia, porque ya se sabe que la mejor defensa es eso, un buen ataque. Pero todo demasiado insustancial y con un alto grado de desconocimiento. En cualquier caso, nadie está obligado a profesar una determinada religión, pero si su opción es hacerlo, debe ser consecuente. Está en los Evangelios que no se puede servir a dos señores: a Dios y al dinero. Pues eso, hay que poner en valor o a Dios o al partido, sea este último el que sea.


Antoni Martín

lunes, noviembre 09, 2009

La caída del Muro de Berlín y otros retos


Veinte años atrás asistiamos al nacimiento de una nueva era para muchos europeos, que habían padecido regímenes totalitarios, una férrea disciplina militar, la anulación por decreto de cualquier manifestación religiosa en público, una burocracia enorme que dificultaba cualquier evolución y el advenimiento de una casta dominante que bajo las siglas del comunismo se convirtió, de hecho, en nuevos señores feudales de aquellos territorios. Caía el Muro de Berlín, símbolo de toda una afrenta a la Humanidad entera, kilómetros de hormigón y torres de vigilancia, de alambrada de espinos, de nidos de ametralladoras. Un sistema que costó la vida a personas por el solo hecho de querer pasar al lado occidental.

Hoy tendemos a olvidar a los actores de aquel profundo cambio. Desde la izquierda sólo se recuerda a Mijaíl Gorbachov o a Henry Kissinger. Pero no podemos olvidar el papel determinante del entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, o el del papa que vino del Este, Juan Pablo II, gran conocedor de los padecimientos de los polacos en aquellos años oscuros que él tuvo que sufrir en sus propias carnes.

Titula hoy un medio de comunicación español muy, pero que muy adicto al Gobierno de Rodríguez Zapatero, que el capitalismo y la democracia pierden apoyo en la Europa del Este. Y puede que sea cierto en la medida en que la memoria colectiva es muy olvidadiza de las penurias pasadas y muchos jóvenes no pasaron bajo la sombra de aquellos totalitarismos. También es cierto que se levantaron, tal vez, expectativas demasiado amplias, poco realistas. Pero, sin duda, es mejor lo que hoy tienen que lo que tuvieron entonces.

Pero el mundo sigue y continúa habiendo otros muros. China sigue pisoteando los derechos humanos, Cuba es un anacronismo que sufren sus ciudadanos de manera especial, el terrorismo islamista campa a sus anchas y combatirlo está resultando muy complejo, el conflicto palestino-israelí sigue ahí larvado, las guerras tribales en África siguen estando al orden del día, sigue habiendo hambre en el mundo, sigue habiendo regímenes que juegan peligrosamente con la amenaza nuclear y podríamos seguir enumerando tantas y tantas cosas que aún debemos superar, que la lista se nos haría casi interminable.

Lo evidente es que si algo pudo acabar con el Telón de Acero fueron las profundas convicciones morales de todos aquellos pueblos. Si nos instalamos en la comodidad y sólo queremos ver lo inmediato es imposible que avancemos en la senda correcta. Y tal vez esto es lo que nos está sucediendo en la Vieja Europa. Hemos perdido de vista la perspectiva histórica por la falta de valores.

Antoni Martín

sábado, noviembre 07, 2009

De la Obamanía a la decepción


Fue como una eclosión, como una ráfaga de luz brillante en un universo oscuro y tenebroso. De la difícil etapa de George W. Bush se entraba en una nueva era, la de Barack Obama, hombre con una enorme y dinámica oratoria, capaz de enardecer masas y levantar ánimos, capaz entonces de generar esperanzas. En Europa se aplaudía el relevo con bastante más ilusión que los propios americanos. Y en España, muchos papanatas pseudoprogres pensaban que era el advenimiento de un nuevo mesías político que iba a redimir todas las culpas de la izquierda e iba a enarbolarla hasta situarla en lo más excelso, lo más incuestionable.

Pero somos humanos y la realidad es muy tozuda. El presidente norteamericano se ha dado de bruces con ella, su reforma sanitaria ha encallado, sus medidas económicas frente a la crisis tienen una efectividad limitada y no tan rápida como quisieran sus compatriotas y, en política exterior, los cambios han sido leves, apenas apuntes. Hoy podemos asegurar que no es el mismo caso de John Fitzgerald Kennedy. Su oratoria grandilocuente puede quedar sólo en sofismas sin aplicación posible a la cotidianeidad. Y eso, los estadounidenses empiezan a temérselo.

Sumemos a ello la controversia de la concesión 'en previsión de' del Premio Nobel de la Paz, algo que más que darle alas le ha restado puntos. Su popularidad cae y los primeros comicios que se celebran a un año de su elección han sido un varapalo para los demócratas. Y no está nada claro que les vaya a ir bien en las próximas legislativas.

Sigue con temas encallados fuera de sus fronteras. Guantánamo sigue ahí. Afganistán es un avispero al que quiere mandar más tropas con la colaboración de otros países aliados, inclusive los que allende el océano con Bush bramaban un no a la guerra. En Oriente Próximo estamos muy lejos del entendimiento entre Israel y los palestinos. La relación con Europa comienza a enfriarse a pasos agigantados. Sólo en la patria de lo quijotesco quedan ingenuos capaces de seguir adorándolo como si fuera un dios.

Es preciso que Obama aterrice, tome conciencia de lo que realmente tiene entre manos, y comience a pilotar la nave de forma coherente y segura. De lo contrario éste va a ser un 'inpasse' similar al de Jimmy Carter.

Antoni Martín

viernes, noviembre 06, 2009

Alakrana, una historia de despropósitos


Pescar en Somalia es una profesión de riesgo. Hacerlo si eres español es una invitación a la captura. Y si, encima, te toca un juez como Baltasar Garzón u otro como Santiago Pedraz, encima le facilitamos los chistes al enemigo. Toda esta historia sería un esperpento valleinclanesco si no fuera por lo que están sufriendo los familiares de 36 tripulantes del Alakrana, buque que lleva la friolera de 35 días en manos de piratas somalíes.

Todo se ha gestionado rematadamente mal. En una fase inicial podía desde pagarse un rescate sabiendo que ello traería la consecuencia de nuevos y más frecuentes secuestros. O podía intentarse realizar una operación militar limpia con un escaso porcentaje de riesgo para nuestros conciudadanos y sus compañeros del barco. Pero comenzaron los despropósitos cuando el juez estrella de la Audiencia Nacional, en una de sus conocidas garzonadas, ordenó el traslado a España de dos secuestradores apresados por la Armada, limitando mucho la capacidad de maniobra de las autoridades en aquellos momentos.

El patético peregrinar de uno de ellos por orden del 'pijoprogre' Pedraz por ver si era menor o mayor, yendo de un juzgado a otro, de un médico a otro, midiendo homoplato por aquí u homoplato por allá, de la Fiscalía de Menores a la audiencia y viceversa, no ha sido más que una opereta que ha puesto de los nervios a los captores.

Finalmente, la acción de los piratas de trasladar a tierra a tres de los marineros y dar un ultimátum para que se les devuelva a sus dos compañeros de pillerías, no ha hecho más que poner las cosas muy complicadas. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero montó un gabinete de crisis encabezado por María Teresa Fernández de la Vega sólo cuando aconteció esto último, es decir, sumamente tarde. La ministra de Defensa, Carme Chacón, parece no saber cómo afrontar este desaguisado. Ahora las posibilidades de una operación militar con bajo riesgo se han esfumado y ceder al chantaje es una invitación a que nos sigan secuestrando barcos y esquilmando a los armadores, pesqueros y pescadores de nuestro país.

Este desastre de gestión no tiene ya remedio. Ahora queda la difícil y compleja tarea de traer sanos y salvos a los secuestrados a España, pero como no le echen imaginación o seremos el hazmerreír de medio mundo o acabaremos lamentando la pérdida de alguna vida humana. Esperemos que todo salga bien, dentro de lo que cabe esperar.

Antoni Martín