martes, abril 07, 2009

A Zapatero le aguaron la sorpresa del cambio en el Gobierno


La situación en La Moncloa debe ser a estas horas de absoluta perplejidad y de cabreo monumental con la vieja guardia socialista, principal sospechosa de la filtración de los presumibles relevos en el Gobierno. Algo que ha conseguido que la foto con el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, quedase relegada a un segundo plano, siendo como era el momento de gloria de José Luis Rodríguez Zapatero, su reencuentro con la primera potencia mundial después del forzado desencuentro con George W. Bush.

Pero vamos el meollo del asunto. Si se cumplen los nombramientos anunciados, nos encontraremos con el regreso del 'felipismo' más puro. Elena Salgado ni es una especialista en economía ni ha dado muestras en las carteras que ha gestionado de tener una especial habilidad. Baste recordar su intentona fallida de colocar el vino como una sustancia poco menos que estupefaciente cuando en sus manos tenía la cartera de Sanidad. De Manuel Chaves poco podemos esperar. En Andalucía conocen bien sus tejemanejes, propios de quien ha convertido la región en poco menos que un cortijo. Su ascenso obedece a las negras perspectivas del socialismo andaluz, de capa caída en todas las encuestas, hasta las de la prensa amiga. Del fracasado de Pepiño Blanco, hombre con escasos estudios y máximo responsable de la derrota del PSOE en Galicia, sabemos que es sectario y fiel escudero del zapaterismo, pero no podemos esperar que sea el mejor relevo de Magdalena Álvarez, a la que, por cierto, sí es justo jubilar. Y eso amén de poner tres vicepresidencias en lugar de las dos existentes, dándole más poder al virrey andaluz que a María Teresa Fernández de la Vega.

La situación de este Gobierno es de esperpento valleinclanesco. No contentos con el espectáculo que nos han ofrecido con las divergencias kosovares, insatisfechos con habernos devuelto al furgón de cola de Europa, descontentos por no haber conseguido un cordón sanitario en torno a la 'derecha de la caverna', suman a ello una remodelación en la que la única alternativa son viejas caras conocidas y no por ello mejores a las que hay ahora, siendo estas últimas de pena.

El jefe tuvo que interrumpir su baño de internacionalidad, sus mesiánicos discursos (oyéndole los incautos podrían tomarle incluso por un profeta), sus minutos de gloria en la imaginería popular, porque a la vieja guardia socialista, cansada de los desplantes del joven leonés nacido en Valladolid, le dio por no mantener la boquita cerrada. La que nos espera de confirmarse los datos conocidos, es poco menos que de órdago. Que Dios nos ampare.

Antoni Martín