
En el momento presente da hasta vergüenza ajena ver a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, asegurar durante su comparecencia ante los medios que es 'apocalíptico' hablar de cinco millones de parados a lo largo de 2009. También era 'antipatriota' hablar de crisis económica antes de las elecciones generales del 9 de marzo para su jefe, el reelegido presidente del desgobierno que capitanea la nave hacia un más que seguro naufragio, el ínclito, el nunca bien ponderado José Luis Rodríguez Zapatero. Y era ser 'catastrofistas' para el ministro de Trabajo, Ceslestino Corbacho, hablar de los cuatro millones de desempleados hace tan sólo unos meses.
Con toda la importancia que pueda tener, resulta cuando menos esperpéntico que ciertos medios afines al Ejecutivo socialista anden a la greña por unos trajes para el presidente de la Comunitat Valenciana, que la trama de Correa pudo haberle regalado y que valdrían unos 18.000 euros, frente al drama de un millón de familias con todos sus miembros en el paro. Y no es que no haya que perseguir a los corruptos, pero antes es imprescindible evitar que un barco que hace aguas por todos lados se hunda.
Hace falta más que imagen y propaganda para poner remedio a un mercado que requiere medidas estructurales urgentes, ya no valen las cuotas femeninas y masculinas o las cuotas territoriales en un Ejecutivo que debiera conformarse con los mejores para trabajar de verdad contra la depresión en la que está sumida mi querida España. No son sólo cifras, hablamos del drama de personas, de familias que deben seguir viviendo sin saber cómo. Y ya no vale el argumento de culpar a Aznar por haber sobredimensionado el mercado inmobiliario, porque han pasado cinco años y ZP y su equipo se han limitado a vivir de rentas.
Por desgracia, la actitud de los responsables políticos, más preocupados de endeudarse para dar más dinero a las autonomías que de poner fin a la sangría del desempleo, puede conducirnos a estallidos sociales de consecuencias imprevisibles. Pero, por desgracia, el leonés sigue tocando la lira en la proa mientras la nave se va a pique. El emperador Rodríguez Zapatero sigue representando su papel ante su peculiar Roma ardiendo por los cuatro costados. Es una situación de auténtica emergencia nacional a la que hay que poner remedio inmediatamente.

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