
Lo del Govern de les Illes Balears es como para pensarse dos veces para qué diantres nos sirven los políticos. No contentos con una situación económica difícil a la que hay que hacer frente, consintiendo que la ministra Magdalena Álvarez no pague las carreteras ejecutadas por el Ejecutivo autonómico anterior pese a la existencia de una sentencia judicial firme en este sentido, ocupados en la discusión bizantina de si un golf sí o no en el municipio de Campos para que el socio nacionalista Unió Mallorquina no escachifolle un pacto que se sostiene con alfileres en un equilibrio inestable, añaden a todo ello la exigencia de que médicos y personal sanitario deben acreditar un nivel de catalán A ó B, según se trate de diplomados, licenciados o personal de inferior titulación.
Ya la hemos vuelto a liar. Es que no tenemos suficientes asuntos de importancia como para poner impedimentos añadidos al de la insularidad a los facultativos que opten por trabajar en las Islas. El conseller del ramo tiene en su haber el haber devuelto las listas de espera a la primera línea de las quejas de los ciudadanos. Y eso por no hablar de la medida de retornar pacientes a un hospital clínico, Son Dureta, que está saturado hasta las trancas. Y eso en lugar de dotar de medios suficientes a los hospitales comarcales ya construidos y en funcionamiento.
Los gobiernos autonómicos de izquierdas en Balears tienen una auténtica obsesión por el asunto de la lengua, del catalán. Lo convierten en herramienta de lucha partidista y política. Hacen bandera de una presumible normalización que es simplemente una burda imposición. Si queremos normalizar, hagámoslo poniendo las cosas en valor, ofreciéndolas como alternativa, mostrando sus bondades y virtudes, pero no imponiéndolas. Menos aún cuando podemos quedarnos sin profesionales de la sanidad que necesitamos a toda costa. Mucho más, sin duda, que a politicuchos de tres al cuarto que no hacen más que generar problemas donde no los teníamos. También es cierto que en Madrid tienen a un buen maestro en crear conflictos innecesarios, ¿o no?

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