
Cuando aquel lejano 11 de septiembre se precipitaban al suelo los escombros del World Trade Center, conmocionados por la enorme tragedia y por la incredulidad ante lo que parecía imposible, entrábamos en una nueva era. Y era imposible saber por que derroteros discurriría a partir de entonces el mundo y la política internacional.
Hoy, con dos guerras más a nuestras espaldas, Irak y Afganistán, a raíz de aquellos luctuosos acontecimientos, asisitimos perplejos a otra catástrofe de la que no somos capaces de atisbar todas sus consecuencias, pero que amenaza con llevarse por delante la economía de muchas familias y abocarlas a la pobreza.
Nada parece suficiente para dar tranquilidad a los mercados y conseguir que la confianza regrese y permita volver a la dinámica deseable de créditos razonables para pequeñas y medianas empresas y para las familias. Las medidas anunciadas por el presidente Rodríguez Zapatero, pese a que van en una línea adecuada, llegan tarde y con una definición escasa. Y lo que no puede pretender es que, visto lo visto, se le otorgue un apoyo incondicional por parte del resto de las fuerzas políticas. Tendrá que ganárselo.
No basta con dar dinero a los bancos. Hay que garantizar que éste revierta en los ciudadanos, que permita dinamizar de nuevo la economía. Pero además, debe hacerse con todas las cautelas, porque sale de los impuestos de todos y el Estado no puede incurrir en errores que le aboquen a un déficit extremo.
Los temores a una recesión mundial siguen pesando mucho. Y, en este escenario, no es bueno que Rodríguez Zapatero siga 'haciendo amigos' criticando al Fondo Monetario Internacional (FMI) por asegurar que España entrará en recesión en 2009. Hasta el presente, las previsiones acertadas han sido las externas, todas las del Gobierno han sido excesivamente optimistas, propias de ingenuos o de ineptos. No se sabe lo que es peor.
Y ahora, ante situaciones tan aparentemente ilógicas como un incremento del Euríbor pesa al recorte de los tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE) y de otros bancos centrales junto con la Reserva Federal de EE UU, cabe replantearse si estamos ante un escenario de fin de trayecto, de necesario rediseño de las relaciones mundiales, en especial las económicas. Incluso cabe la pregunta de si nos hallamos ante el fin del mundo que hemos conocido. No tiene porque ser algo malo, pero hay que plantearse seriamente hacia dónde caminamos.
Antoni Martín

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