
Estamos a las puertas de una reforma de la llamada Ley de Interrupción del Embarazo, es decir, la norma que regula el aborto en España, posibilidad que queda circunscrita a las víctimas de violación, posibles deformidades en el futuro niño y peligro para salud de la madre (este último caso, al incluir el peligro psicológico se ha convertido en un coladero). El Gobierno de Rodríguez Zapatero pretende sustituir la norma por una de plazos, con la excusa de dar mayor seguridad jurídica. No nos engañemos, se trata de una forma muy clara de contentar a la izquierda, no de un asunto que les conmueva la conciencia moral.
El pseudoprogresismo reinante en nuestro país, encabezado por la inefable y muy incapaz ministra de Igualdad, Bibiana Aído (no sé qué competencias puede tener esa cartera que no se inmiscuyan en las de otros departamentos), nos vende la moto del derecho de la mujer a decidir, cuestión que sería lógica, razonable y justa si no fuera porque está obviando el derecho de un menor. Es el niño, la criatura indefensa la que requiere una legislación para protegerla de los desmanes y desvaríos que podemos cometer los mayores y no a la inversa.
Habrá quien quiera entrar en discusiones sobre si el feto es ya o no una criatura humana, sobre cuando existe y en qué momento preciso la vida. Sólo les doy un consejo. Visualicen, vean y escuchen como se realizan los abortos, pero mirenlo hasta el final. A muchos no les puede el estómago y se dan cuenta de que eso es un crimen que no cometerían siquiera con un animal. A otros sólo les da por mirar hacia otro lado como si la historia no fuera con ellos. A mi me ha podido la conciencia y, aunque pueda generar polémica, decidí apostar por escribir de este asunto y ponerme del lado de la víctima. Y es que, en la mayor parte de los casos, frente al aborto existen alternativas mucho más razonables que no atentan contra la vida, una vida que es un regalo que nosotros no creamos, somos meros instrumentos de algo mucho más grande que hace que nuestro discurrir en esta bendita Tierra tenga todo su sentido.
Antoni Martín

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